viernes, 28 de noviembre de 2008

¡Viniste!

Jamás visité el cementerio, no hasta ese entonces. Desde la ida de papá que no puedo dejar de pensar en la muerte, y eso me esta quebrando el intelecto de apoco.Esta carta es una especie de confesión, o quizás… algo que todavía no puedo explicarlo bien. Se que muchas veces no pude resistirme a las drogas desde adolescente. Fue un punto clave para quedar como estoy ahora; no creo que sea demencia o algo así. Pero los doctores me dijeron que sufro de alucinaciones y esquizofrenia. Yo nunca les creí todo lo que me decían; además… se muy bien que él debe esta por ahí en este momento.Recuerdo cuando papá estaba muy enfermo, después de la muerte de mamá. Nunca lo había visto tan abatido, no tenía ganas de comer o leer. Tampoco de ir a donde siempre solía pasar el fin de semana. Nosotros siempre fuimos una familia de buena posición social. Tenemos hectáreas que fueron adquiridas durante mucho tiempo. Sin embargo, recuerdo bien aquel lugar donde mi madre terminó por enfermar, sin motivos reales.Teníamos una estancia en el partido de Chascomús, llamada “La Eloísa”. Pero hasta hace poco, me enteré que fue devuelta a su antiguo dueño.Yo sé que mi padre, no sabía mucho de la vida en el campo. Tal fue así su ignorancia que cuando compró la estancia, se tomó el trabajo de desarmarla. Tenía pensado parquizar todo y además de eso, echó a los peones dejando solo un encargado a cargo. Se llamaba Do Santos Miguel; un hombre alto y tez morena. Sus ojos resaltaban en la noche, locos y mortales. Confieso que me daba un poco de miedo. Él siempre tenía una forma extraña de tomarse las cosas de la vida.Cuando lo conocimos, ya era el encargado de todo el lugar. Sabía mucho del campo y de cómo se manejaban los horarios. Se encargaba de verificar si los animales estaban bien alimentados y ese tipo de cosas.Vendía cueros de vaca, chivos y ovejas. También hacia el control de todas las ventas, como por ejemplo productos caseros. La miel, dulce de leche y embutidos. Llevaba una vida ocupada y eso me cautivó de alguna manera. Yo nunca me dediqué a una actividad específica, algo como empresario o estar en algún comercio detrás del mostrador. Siempre fui el mantenido de mis padres, y eso me molestaba un poco. Nunca me daban la oportunidad de poder abastecerme por mi solo.Eso me llevó a las malas juntas, y sabía muy bien que estaban conmigo por mi dinero… o sea el de mi papá. Comencé con las drogas y todo tipo de actividades vandálicas, que nuca fueron investigadas gracias a los contactos de mi progenitor.Si, me porté muy mal en aquellos días… pero ya recapacité. Después de llegar a este hospital psiquiátrico, me di cuenta que tengo la oportunidad de poder cambiar y ser una persona diferente.Solo espero que él no vuelva otra vez… Como aquella vez que quedé solo, como ahora. La soledad no es para cualquiera. Pero por mi parte, la necesito desesperadamente. Quiero escapar del mundo hostil que me rodea, quiero ser libre de todo dedo que me señale y me acuse de maldito drogado y enfermo mental; como solían decirme los que antes eran mis amigos. Después de haber perdido la fortuna ya no aparecieron y más encima, comentaban cosas a mis espaldas, como si fuese la peor basura del planeta.Esa gente es la que merece estar sola. Esa gente es la responsable de que hombres como yo, pasen por extremas angustias y sentirse mucho más solo. Además de estar acompañado por un cadáver. Parece loco que diga esto, pero pónganselo a pensar. La compañía se hace de una persona o mascota… bueno. ¿No les parece estar acompañados, pero solos al mismo tiempo? Digo por lo del cadáver. Uno está con lo que antes era un individuo, pero no habla. Los cadáveres no hablan… no hablan. Los muertos no hablan ni tratan de abrazarte. Como digo yo, si es que me entendieron: “estás acompañado pero solo al mismo tiempo”.Mi padre, después de terminar con las “reparaciones” de la estancia Eloísa, decidió echar al encargado Do Santos. Fue una actitud vil de su parte; no tenía derecho a terminar con el espíritu de la estancia.Sacó los corrales y los bebederos; desarmó los galpones de las herramientas, y solo dejó uno con aquellas que servían para el parque. Los enormes árboles, fue lo que más le dolió al pobre Miguel. Él sufrió mucho con todo lo que mi padre estaba haciéndole a la estancia. El esfuerzo de toda una vida, lo estaba demoliendo por un capricho de tener un buen parque, para su fin de semana monótono y esnob.No sé como, pero la vez que fui con él vi el rostro de Do Santos y sentí un espantoso escalofrío. A mamá tampoco le gustó su cara. Parecía destellar una furia de mil demonios, cuando nos queríamos acercar a él para saludarlo.Yo por mis adentros, comprendí que era por la decisión de mi padre. Él no tenía ni la más remota idea de lo que significaba la estancia para Miguel.Una noche de sábado, mientras mis tíos estaban reunidos con mis pares en el gran comedor de la casona campestre, mi madre advirtió que escuchaba voces provenientes de las habitaciones. Naturalmente, los demás no le creímos. Nadie las escuchaba. Pero ella si. A veces, los sonidos más frecuentes… eran tambores. Entonces, así pasaron las noches. Un domingo a la mañana, ella amaneció con fiebre. No podía ni hablar. Sudaba muchísimo y tenía convulsiones violentas, hasta que de su boca salió algo que erizó nuestros cabellos:
¡¡Dhambala… Dhambala!!¡¡Samedi viene por mí!!
No supimos que intentó decir, pero sonaba aborigen o algo así. Luego tuvo esa recaída que le impidió moverse durante días, hasta que murió.Papá se sumó una gran depresión. Tal fue el golpe, que no supo como manejar la situación económica y nos fuimos hasta la quiebra. Visitaba el cementerio a diario pero yo no quería ir. Si no soporté el velatorio, menos podía ir al cementerio para saber que ella estaba dentro del mausoleo.Los antidepresivos eran constantes en el organismo de mi padre, hasta el punto de querer suicidarse. Eso pasó desde que él, me había dicho que ELLA lo llamaba en forma persistente por las noches.Recuerdo que una madrugada, sus gritos me despertaron cuando juró verla caminado por el patio de casa, llamándolo extendiéndole los brazos. Yo nunca creí en aparecidos pero según el medico que lo frecuentaba, él habría de padecer alucinaciones por efecto de las drogas recetadas.Sin embargo, el pútrido olor descubierto al día siguiente parecía bastante real. Había huellas que terminaban cerca de la ventana y tenían un olor insoportable.Pensé que habría de ser algún maldito bastardo que me frecuentaba cuando mi fortuna era cuantiosa, y me hicieron una broma de mal gusto.No sé los perdonaría jamás. Malditos hijos de perra, parásitos del infierno que no tienen sentido de la amistad… Una real amistad fraternal. Papá siempre me preguntaba porque no quería acompañarlo al cementerio y yo le contesté que simplemente, no quería ir para no verlo en un lamentable estado de tristeza, frente a la tumba de su amada.Me hizo prometer que si él moría, iría a visitarlo. Insistió tanto que le dije que si, para que dejara de molestarme. Igual se sabía que yo nunca iría a verlo dentro de un cajón, pudriéndose con las ratas y cucarachas.Pasado el año, mi padre murió y yo me volqué otra vez a las drogas y el alcohol, para amortiguar la terrible pena de haberme quedado completamente solo. Sin embargo, un día que yo regresaba de una pensión de mala muerte en capital, por esas casualidades, me crucé con una persona que no veía hace tiempo.Se trataba de Do Santos Miguel. Tenía una expresión de cierto aire triunfal, cosa que me despertó desconfianza. Yo comprendo que se habría de molestar al verme, por ser el hijo del hombre que destruyó sus sueños y vida misma. Pero yo nunca le guardé ningún rencor. Hasta le había pedido disculpas por las malas acciones de mi padre, pero él me dijo que sabía como yo era en realidad, y que no había merecido tener un padre como el que tenía.Ese día del encuentro inesperado, me obsequió algo que después me arrepentí de llevar. Me regaló lo que parecían ser, una suerte de muñecos grotescos que representaban a mis padres. El moreno me los dió y se alejó cantando algo que no comprendí. Luego me enteré que regresó al Brasil, donde tenía sus parientes.Eso me lo contó uno de los peones que reintegré, porque el otro que había dejado a cargo mi padre en lugar de Miguel, murió misteriosamente.Ahora soy yo el que trata de regresar lo que era la estancia “La Eloísa”, para poder compensar el daño que dejó mi padre. Pero si sigo internándome en la clínica, no podré seguir. Yo entré a este lugar, después de que pasara eso que me dejó la mente a la miseria. Les cuento… Fue una vez que me decidí ir a visitarlo al cementerio.Quise cumplir con la promesa y lo hice. Me dirigí al cementerio y entré al mausoleo donde yacía con mi madre. Lo que si me perturbó de manera sorprendente, fue encontrar las mismas huellas que quedaron en le patio de casa, después de que mi padre había visto a mamá. Estaban cerca de las lápidas y terminaban en el mausoleo.Pensé que estaba alucinando al igual que mi padre, cuando vivía con sus opresores recuerdos de su amor perdido; la medicación que yo tomaba era un poco fuerte… Ahora lo es mucho más. Hacía un frío de muerte y llevaba mi saco de paño largo. En un bolsillo estaban las llaves del mausoleo y en las manos, tenía un gran ramo de flores para dejárselas allí en la puerta, como señal para ellos de que estuve presente y que no habría de romper con la promesa.Cuando entré a ese lugar, sentí una sensación espantosa. Como si yo estuviese otra vez con ellos pero SOLO. Se que es normal, sentir extrañas sensaciones al estar cerca de un muerto dentro de su respectivo cajón. Pero yo tenía una sensación de que no estuvieran muertos… o vivos. Para ser exacto: Muertos vivos. Pero estaban allí, sin moverse dentro de sus féretros. No debía pensar que yo estaba acompañado de muertos vivos. No era conveniente para mi estado narcotizado, maquinar que en cualquier momento saltarían del cajón para abrazarme, agradeciéndome haber venido.Sin embargo al cerrarse la puerta y voltear, ÉL estaba allí. Escuché un gemido de ultratumba y de unos rincones oscuros, emergió con su cuerpo cadavérico y podrido lleno de gusanos mal olientes. Avanzó hacia mí con los brazos extendidos y pude escuchar que salía de su purulenta garganta:

VINISTE… VINISTE.

Sus pestilentes brazos, me rodearon como serpientes pútridas mientras contenía el aliento y el grito. Su rostro desencajado, gorgoteaba líquidos horribles e inaguantables.Estaba fuera de su cajón ¡ERA IMPOSIBLE! Parecía mentira pero estaba allí. Lo aparté de un golpe y grité. Grité como nunca, hasta que sentía la garganta lastimarse y salí corriendo de allí, cerrando la puerta del mausoleo por siempre. Pero cuando guardé la llave, sentí algo dentro. Tenía los muñecos que Santiago me había regalado, antes de irse al Brasil.

FIN

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigazo! que bueno que sigas escribiendo puta king dinamo! me agrada saludarte y saber que seguis vivo...desde la morada mas oscura del 5to infierno del subconsciente humano, desde el deseo necrofilico y extremo de lo profano y la sed de sangre virgen, te saluda...VYP3RK4UST

Pablo Lorenzo COORDINADOR dijo...

Buena pluma lei el primero y me quede con ganas de más, ya te visitare mas seguido.